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Los estudios de tu hijo

El éxito en el estudio no depende sólo de pasar muchas horas ante los libros y cuadernos ni de memorizar hasta la última coma, ni de factores como la suerte o los gustitos de cada uno. El estudio es, principalmente, una cuestión que depende de tres factores: que se quiera estudiar, que se pueda estudiar y que se sepa estudiar. Y, se ha demostrado, a través del tiempo, que para conseguir la máxima eficacia y la máxima calidad, objetivos esenciales en el estudio, se requiere de dichos factores.

Querer estudiar lleva implícito el problema de la motivación, de esa fuerza interior que impulsa a la acción. Efectivamente, el estudio no se produce por el mero hecho de que se asista al colegio y se realicen diferentes tareas y acciones, sino que está íntimamente relacionado con los aspectos actitudinales y de la voluntad del aprendiz o alumno. El buen estudio no se engendra a sí mismo, sino que debe ser motivado por los padres y profesores, y es la naturaleza de los propósitos y el impulso con que lo encara el alumno de lo que depende en buena parte la cantidad y la calidad de su rendimiento.

 Los padres debemos motivar a los hijos para que ellos, libremente, quieran poner lo mejor para estudiar. Motivar a los hijos para que quieran aprender está dentro de nuestras posibilidades y es una tarea permanente. Es posible que la motivación sea uno de los temas más difíciles e importantes en la educación de nuestros hijos. Saber qué decirles, cómo y cuándo decírselo, para ayudarles a querer poner el esfuerzo que supone mejorar y hacer las cosas bien.

Poder estudiar requiere de una capacidad intelectual general o inteligencia, aptitudes específicas para los estudios elegidos y una adecuada organización del trabajo, en lo que respecta al ambiente de estudio, los materiales a utilizar y la planificación del tiempo a través de un horario y un plan de estudio.

La inteligencia utiliza para aprender, como herramientas, las aptitudes, habilidades o destrezas. Las que intervienen en el aprendizaje escolar son: verbal, numérica, espacial-visual, emocional y ecológica. Otras capacidades básicas en el aprendizaje son: la concentración, la memoria, la imaginación, la capacidad de pensar, el pensamiento creativo…

Para poder aprender es necesario también tener adquiridos unos hábitos operativos buenos, lo que generalmente llamamos virtudes humanas: laboriosidad, orden, responsabilidad, reciedumbre, paciencia, constancia, sobriedad, afán de superación…Los hijos no adquieren las virtudes oyéndonos hablar de ellas. Es necesario enseñarlas con el ejemplo, es decir practicándolas en el día a día.

Saber estudiar a través de unas estrategias de aprendizaje eficaces se puede mejorar notablemente el rendimiento en los estudios, al aprovechar al máximo la capacidad intelectual de cada alumno y permitir sacar el mejor provecho. Efectivamente, el estudio constituye un trabajo intelectual que, como cualquier otro, requiere de una metodología y de unas técnicas que pueden y deben adquirirse para lograr que el trabajo sea más eficaz y productivo.

He comprobado, a lo largo de más de treinta años de enseñanza, que es muy necesario enseñar a los alumnos, de nivel escolar y universitario, de un modo explícito y sistemático las estrategias de aprendizaje que les lleven a aprender a aprender, a ser estudiantes competentes en el aprendizaje y a aprender más y mejor con el menor gasto de esfuerzo y energía. Enseñar a estudiar es parte del trabajo de los buenos profesores y de los buenos padres.

Durante el estudio interesa acostumbrar a los hijos, en primer lugar, a una lectura explorativa o prelectura: veloz, superficial, corrida y total, para extraer la idea general del tema. Luego, una segunda lectura comprensiva: pausada, profunda, detenida y analítica, para extraer las ideas principales, secundarias y terciarias del tema. Conforme van identificando las ideas principales debe subrayarlas, para resaltarlas y así poder visualizarlas rápidamente. A partir del subrayado, se debe elaborar un organizador de ideas (lineal o gráfico-visual): resumen, esquema, tabla sinóptica, diagrama, línea de tiempo, mapa conceptual, mapa mental… Por último, memorizará dicho organizador de ideas y realizará repasos periódicos.

Augusto Pérez-Rosas Cáceres

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