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Estudiar, ¿sin saber estudiar? (4)

No se puede afirmar, sin más, que a estudiar se aprende estudiando, como lógica y segura consecuencia de la práctica y de la edad. No basta la experiencia que obtienen los estudiantes sin ninguna orientación a aprender cómo aprender. Por ello, en las instituciones educativas se debe educar a los alumnos a aprender cómo aprender ya que constituye la competencia fundamental de las personas en la presente sociedad del conocimiento, para afrontar de forma creadora una realidad compleja, incierta y cambiante.

Es interesante también indicar que las estrategias de aprendizaje son contenidos procedimentales, pertenecen al ámbito del “saber hacer”, son las metahabilidades o “habilidades de habilidades” que utilizamos para aprender. Son los planes o una secuencia planificada orientada a un fin que ponemos en marcha para aprender, a través de un conjunto de pasos, acciones o tácticas de aprendizaje. Son, en suma, “un conjunto de acciones ordenadas orientadas a la consecución de una meta” (Valls, 1993)

Igualmente, resulta muy útil el que podamos entender qué es una estrategia y qué es una táctica. La palabra estrategia proviene del lenguaje militar, se refiere, etimológicamente, al arte de dirigir operaciones militares y era considerada en antaño como el arte de la guerra. En la actualidad, dicha palabra se ha incorporado al vocabulario social, económico, político y pedagógico, y se entiende como habilidad, capacidad o destreza para planificar una serie de acciones y/o dirigir un asunto.

En cambio, la palabra táctica se refiere a las acciones o pasos que se tienen que cumplir para hacer operativa la estrategia; es decir son diferentes técnicas que se aplican (subrayar, el resumen, el diagrama UVE, la línea de tiempo, el mapa semántico, el hexagrama, el esquema de barras, entre otras tácticas de representación del conocimiento) en el desarrollo de la estrategia de aprendizaje.

Lo cierto es que una buena estrategia de aprendizaje debe tener muy en cuenta la composición, estructura, el funcionamiento del cerebro y la relación cerebro y aprendizaje, es decir, la neurociencia aplicada al aprendizaje. Constituye, así, un nuevo paradigma educativo, una nueva disciplina en el aprendizaje denominada el neuroaprendizaje, que promueve un aprendizaje significativo, autónomo y eficaz, generando una motivación intrínseca (curiosidad, desafíos, control y fantasía) en los alumnos y el logro de habilidades, destrezas y competencias mentales.

En este sentido, hay que afirmar que un aprendizaje es significativo cuando los nuevos conocimientos pueden relacionarse de modo sustantivo, y no arbitrario, con los conocimientos previos ya existentes en el estudiante. De esta manera, los nuevos conocimientos quedan integrados en la estructura cognitiva que ya posee, única forma de que tengan sentido para él, cosa que no ocurre, por tanto, con el aprendizaje mecánico, repetitivo y memorístico.

Para lograr un aprendizaje estratégico, según lo que precisa la neurociencia aplicada a la educación, se deberá aplicar una estrategia de aprendizaje que contenga las fases principales del estudio en profundidad, según el funcionamiento del cerebro. En cada una de estas fases se emplean diferentes estrategias y tácticas para hacer frente al contenido: explorar y seleccionar lo relevante, jerarquizar y organizar los conceptos, resumir un texto, memorizar, repasar, etc.

Una buena estrategia de aprendizaje exige poner en actividad todas las fases del pensar del cerebro a través de diversas estrategias:

Fases del pensar Estrategias empleadas
     Exploración       Estrategias atencionales
     Reflexión y visualización       Estrategias de selección
      Sintetizar       Estrategias de organización y elaboración
     Retentiva       Estrategias de memorización y repaso
     Autoevaluar       Estrategias de regulación del aprendizaje

En cada una de las fases principales del estudio en profundidad se emplean diversas estrategias y tácticas para hacer frente al contenido del texto: explorar y seleccionar lo relevante, marcar lo principal, organizar las ideas, memorizar y repasar, etc.

La estrategia de aprendizaje empieza con las estrategias atencionales, a través de la táctica de la prelectura, lectura explorativa o panorámica. Consiste en leer rápidamente, a vuelo de pájaro, de manera superficial, corrida y total el tema completo de una lección, para extraer una primera idea general o global. Llamamos a este momento codificar y decodificar la información. Codificamos la nueva información al captar una serie de símbolos, letras o dibujos. Cuando esta información ya la conocíamos, la comparamos con los conocimientos previos que poseemos en la memoria y la cargamos con los signos aprendidos anteriormente.

Lo que hemos llamado prelectura es una especie de lectura explorativa o panorámica, que resulta muy útil para tener una primera impresión de un tema que luego hay que analizar y estudiar con más profundidad. También es útil para buscar un dato o información concreta, por ejemplo, una fecha, un lugar o un nombre.

Cumplida la prelectura, aplicamos las estrategias de selección de la información, a través de la táctica de la lectura comprensiva o analítica. Consiste en analizar semánticamente la información, leer pausadamente, de manera profunda, detenida y analizando los párrafos, como unidades de pensamiento, para identificar y extraer las ideas principales, secundarias y terciarias. Para ello, se debe conocer la táctica del análisis de párrafos y los diferentes tipos de párrafos (analizante, sintetizante, alternante, encuadrado, paralelo, descriptivo o narrativo) para localizar eficazmente las ideas principales, secundarias y terciarias.

La lectura comprensiva se sirve de la táctica del subrayado para destacar las partes esenciales de un texto. Sólo se debe subrayar lo que es fundamental y que se halla contenido en una idea principal, que puede estar al inicio, al final, en medio o al inicio y al final de un párrafo. Consiste en realizar los tres tipos de subrayado: lineal, estructural y de realce.

Cumplida la lectura comprensiva y el subrayado de las ideas principales, aplicamos las estrategias de organización y elaboración de la información, a través de las tácticas de integrar, esquematizar y sintetizar la información. Consiste en la elaboración de las técnicas de representación del conocimiento, a través de los organizadores lineales (resumen y síntesis) y los organizadores gráficos (esquemas, diagramas, mapas cognitivos, cuadros o tablas, línea de tiempo, círculos concéntricos, etc.)

En esta fase que llamamos de organización y elaboración se emplean las técnicas de representación de la información que nos permitirán modificar el contenido para hacerlo más fácilmente asimilable por la memoria y más resistente al olvido. Las actividades y técnicas en las que se apoya son muy variadas, por ejemplo: jerarquizar la información, clasificar la información en distintas categorías, representar la información linealmente o gráficamente. Es una labor posterior a la que ya hemos hecho de seleccionar ideas principales, de comprender bien el significado de los textos.

Integrada la información en algún organizador de ideas se deberá guardar lo aprendido, a través de las estrategias de memorización y repaso para recuperarlo posteriormente. Cuando las ideas están asociadas lógicamente en organizadores lineales o gráficos se recuerdan mucho mejor. Se trata de una memoria asociativa de las ideas interrelacionadas y conectadas unas con otras en esquemas, diagramas o mapas y no de una memoria mecánica, repetitiva y memorística. La memorización consiste en depositar lo aprendido en la memoria a largo plazo.

Finalmente, corresponde aplicar las estrategias de regulación del aprendizaje a través de una autoevaluación y, de esta manera, comprobar lo aprendido. Consiste en verificar si se sabe bien el tema, formulándose preguntas acerca de él, y actuando en consecuencia, es decir, volviendo a alguna táctica anterior de la estrategia de aprendizaje aplicada si comprobamos que no está bien aprendido y no se posee el dominio del tema o asunto estudiado. La revisión y autoevaluación responde a qué y cómo valorar lo aprendido.

Augusto Pérez-Rosas Cáceres
Diplomado en Neuroeducación, Diplomado en Liderazgo y Diplomado en Dirección Estratégica del Factor Humano. Educador de carrera con mención en Lengua y Literatura, experto en las Estrategias y Tácticas de Aprendizaje. Desde hace 30 años ejerce la docencia en colegios, institutos, universidades y escuelas de postgrado. Es Formador de Formadores, investigador y autor de más de doscientos registros bibliográficos, entre libros, artículos de revistas, ponencias a congresos, papers, guías y material didáctico. Posee el cargo de Director-Fundador del Instituto Desarrollo Intelectual (IDI).

 

 

 

 

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