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Escuelas que aprenden

El pedagogo español Carles Monereo, profesor e investigador del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma que vivimos una paradoja en los sistemas educativos contemporáneos. Dicha paradoja consiste en que se enseñan contenidos del siglo XIX, con la colaboración de profesores del siglo XX, quienes desarrollan sus clases magistrales a alumnos del siglo XXI.  Frente a esta realidad, en la Declaración de la UNESCO (1996) se señala que “lo fundamental de todo proceso pedagógico es el aprendizaje y no la enseñanza”. La propuesta fundamental de la Declaración de Bolonia (1999) destaca que el aprendizaje individual y colectivo de los alumnos y/o de los profesores es el centro de todas las actividades de una institución educativa. Aprender cómo aprender, es decir saber aprender  y la actitud de querer aprender a lo largo de la vida para construir el propio plan de vida personal y profesional, es la exigencia clave de la enseñanza escolar y universitaria en las condiciones cambiantes de la actual sociedad del conocimiento.

Un nuevo eje: el aprendizaje

Aprender a aprender constituye una demanda de la educación del siglo XXI, es uno de los principios psicopedagógicos que inspiran las reformas educativas en el mundo. En un presente complejo y cambiante como el nuestro, es impensable que nuestros aprendices o alumnos puedan  aprender en el colegio todos los conocimientos que necesitarán en su vida futura, por lo que es preciso e indispensable desarrollar habilidades  de manejo de dicha información. El estudiante tiene que aprender a buscar, seleccionar, organizar y elaborar la información e integrar en sus esquemas cognitivos la información necesaria para desenvolverse con éxito en la sociedad. Aprender estrategias de aprendizaje es “aprender a aprender” y el aprendizaje estratégico es una necesidad  y un derecho de los educadores y educandos en la actual sociedad del conocimiento.

 “Si tuviéramos un lema, un mantra que guiara las metas y propósitos de la escuela del siglo XXI, sin duda el más aceptado a estas alturas entre educadores e investigadores, políticos que toman decisiones sobre la educación e intelectuales que reflexionan sobre ella, sería el que la educación tiene que estar dirigida a ayudar a los alumnos a aprender a aprender. De hecho es difícil encontrar alguna reflexión sobre el futuro de la educación, hecha desde un planteamiento pedagógico (Bruner, 1997), filosófico (Savater, 1997), profesional o laboral (Institut Català de Noves Professions, 1997), o político (UNESCO, 1996) que no afirme enfáticamente que una de las funciones de la educación futura debe ser promover la capacidad de los alumnos de gestionar sus propios aprendizajes, adoptar una autonomía creciente en su carrera académica y disponer de herramientas intelectuales y sociales que les permitan un aprendizaje continuo a lo largo de toda  su vida. En una sociedad cada vez más abierta y compleja, hay una insistencia creciente en que la educación debe estar dirigida a promover capacidades y competencias y no sólo conocimientos cerrados o técnicas programadas” (1).

En general “Las estrategias de aprendizaje se entienden como secuencias de procedimientos que se utilizan para aprender y para manejar, dirigir y controlar el propio aprendizaje; como competencias o procesos que facilitan la adquisición, almacenamiento y la recuperación de información” (2). Las podemos definir, de manera sencilla, como el conjunto organizado consciente e intencional de lo que hace el aprendiz para lograr con eficacia un objetivo de aprendizaje en un contexto social dado. Así, uno de los objetivos más importantes de las instituciones educativas debe ser tratar de lograr que los alumnos  “aprendan a aprender”. Para alcanzar este objetivo se hace necesaria una nueva cultura educativa, nuevas propuestas pedagógicas y la intervención  dirigida a “enseñar estrategias de aprendizaje” de cara a adquirir el conocimiento, de manera significativa y el control de sus procesos cognitivos para la autonomía.

 La enseñanza de las estrategias de aprendizaje

Para lograr alumnos estratégicos, se necesitan padres y profesores estratégicos que hayan tomado conciencia de la importancia de las competencias cognitivas, que sean capaces de plantear actividades que, por su complejidad, requieren una regulación consciente y deliberada de la propia conducta por parte de los estudiantes, que creen un clima de aula en que se tolere y propicie la reflexión, la indagación, la exploración y la discusión sobre los problemas y la forma de afrontarlos, y que faciliten la transferencia de las estrategias de aprendizaje a otros dominios. Por otra parte, la actuación didáctica del profesor, centrada en el aprendizaje, para “hacer pensar” y ayudar a comprender y no a “prender” la información.

Según Ausubel, un  aprendizaje es significativo cuando la nueva información “puede relacionarse, de modo no arbitrario y sustancial –no al pie de la letra- con lo  que el alumno ya sabe” y es funcional cuando una persona puede utilizarlo en una situación concreta para resolver un problema determinado. De esta  manera, el alumno construye su propio conocimiento y, además, está interesado y decidido a aprender (3).

 Rol del profesor

En cuanto al papel del profesor en la promoción del aprendizaje significativo de los  alumnos, está claro que no es suficiente que actúe como transmisor de conocimientos, sino que tiene que mediar, orientar, monitorear y guiar la actividad constructiva de sus alumnos, brindándoles las estrategias y tácticas adecuadas y pertinentes a su nivel de competencia. La didáctica debe estar centrada en el aprendizaje (procesos) y en los resultados (competencias).  Según Monereo y Pozo, mediante el uso de dichas estrategias es posible organizar agrupar o clasificar la información; esto es, ir descubriendo y construyendo significados lógicos a través de redes semánticas, mapas conceptuales, diagramas UVE, línea de tiempo, mapa espina de pescado, entre otros.

 En conclusión el paradigma aprender a aprender y las estrategias de aprendizaje constituyen hoy, desde el punto de vista psicopedagógico, uno de los recursos más importantes que los educadores (padres y profesores) pueden utilizar para mejorar el aprendizaje de los alumnos  y formar aprendices permanentes que posean buenos hábitos de estudio.

 Referencias

(1) Pozo, Juan I. y  Monereo, Carles. (1999).  El aprendizaje estratégico.              Enseñar a        aprender desde el currículo.  Madrid: Aula XXI Santillana,        404 p.

(2) Beltrán, Jesús A. (1996). Procesos, estrategias y técnicas de aprendizaje.      Madrid: Síntesis, 381 p.

(3) Ausubel,  David P. (2002). Adquisición y retención del conocimiento. Una        perspectiva cognitiva. Barcelona: Paidós, 325 p.

Augusto Pérez-Rosas Cáceres

Director Fundador

Instituto Desarrollo Intelectual

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