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Aprender a estudiar

Para aprender a estudiar, hay que aprender a leer. La lectura de los temas o lecciones es la práctica más importante del estudio. Es también la que suele reclamar la mayor parte del tiempo que uno dispone. Y como ese tiempo es siempre escaso, ya que nadie puede leer todo lo que necesita o le interesa, es fundamental aumentar el rendimiento en la lectura, es decir leer mejor y más rápidamente en cada sesión de estudio.

Una de las tácticas o técnicas de trabajo intelectual más importantes a lo largo de la vida es la lectura. Efectivamente, la lectura es una competencia cognitiva fundamental en la formación intelectual de las personas y figura entre los pilares más importantes sobre los que se basa el aprendizaje significativo y autónomo. En buena parte, el rendimiento escolar y universitario depende de la capacidad lectora, porque es la aptitud más necesaria para aprender y según los especialistas y expertos,  es el input en el proceso de aprendizaje.

Leer es comprender un contenido expresado en algunos signos gráficos. Es descubrir y entender lo que el autor de un escrito se propuso expresar (ideas, imágenes, sentimientos, vivencias, experiencias personales…). Para André Maurois, el arte de leer es el arte de volver a encontrar la vida en los libros y gracias a ellos comprenderla mejor”. (1) Muchos estudiantes pueden leer, evidentemente durante años, pero lo hacen demasiado lentamente, apenas pueden concentrarse y no recuerdan lo que acaban de leer; son pocos los que saben leer, ya que una cosa es poder leer y otra cosa es saber leer. Saber leer significa lograr tres resultados en la lectura de un texto: velocidad o fluidez lectora, comprensión o entendimiento y memoria a corto plazo.

Contexto educativo

No tener alumnos competentes y eficaces en la lectura, en todo el sistema educativo peruano, se debe a que, a través del tiempo, se ha considerado que el objetivo único de la lectura consistía en saber interpretar unos contenidos expresados en unos signos gráficos. Hasta hace poco, efectivamente, se pensaba que cuando el hábito de la lectura mecánica y repetitiva se había creado en el alumnado la misión del profesor había terminado: el alumno sabía leer. Este ha sido y sigue siendo uno de los principales objetivos de la escuela primaria, a través de métodos tradicionales e inadecuados que originan en la mayoría de los estudiantes una serie de defectos lectores graves: lectura en voz alta con repetición labial lingual, movimiento de los labios en la lectura silenciosa, lectura con voz interior o repetición mental, realizar numerosas fijaciones oculares y saltos de ojo, estrecho campo visual o visión periférica, lectura pasiva y sin sentido crítico, leer de forma dispersa o distraída, dejar dudas sin resolver, leer palabra por palabra, leer apoyando el dedo o algún objeto en el renglón,…entre otros.

La velocidad lectora. Cómo mejorarla.

Desde muy niños hemos escuchado de nuestros padres y profesores: “hay que leer despacio y entendiendo”, como si leer despacio fuera sinónimo de leer bien. El lector habitualmente lento es un mal lector ya que el lector lento dificulta o impide la captación del mensaje, porque fragmenta en pequeños trozos inconexos el pensamiento del autor.  Hoy, la realidad en el mundo es muy distinta, porque si se adquiere la capacidad y habilidad de leer con rapidez y fluidez, también aumentará el nivel de comprensión. Y esto sucede, entre otras razones, porque, a mayor velocidad lectora, estableciendo fijaciones por frases y haciendo uso de la visión periférica, la concentración se hace más intensa y, como consecuencia, al leer por pequeñas unidades de pensamiento o grupos de palabras que expresan sentido, aumentará también la comprensión y la memoria. Por velocidad lectora se entiende el número de palabras que se pueden leer en un determinado período de tiempo y se mide en palabras por minuto (p.p.m.)

Hace ya muchos años que la velocidad de lectura preocupa a los educadores e investigadores (Alain, Banton, Beltrán, Bernardo, Blay, Buzan, Carbonell, Castillo, Chauchard,  Conquet,  Dubois,  Fry, Frank, Garelli, Gauquelin, Guidici,  Monereo, Richaudeau, Solé, Tierno y Zeilke).  El siguiente texto del filósofo Alain lo atestigua: “La lectura balbuciente no sirve para nada. Mientras la mente está ocupada en formar las palabras, deja escapar la idea… Es ridículo deletrear un letrero: hay que captarlo de un golpe de vista; y la mayor parte de un periódico se ha de captar a la carrera. Los titulares, y algunas palabras de importancia, con eso basta… La rama retórica del arte de leer debe ser eliminada; no es útil que me imagine los sonidos cuando estoy leyendo; es un tiempo perdido… Es a menudo más fácil ir de prisa, pues con ello se libra uno de esos pensamientos que se cruzan, de esos ensueños de un instante. Cuando la atención se rezaga, se desvía… El que balbucea, y el que se atranca en una palabra difícil, rompe el pensamiento en pequeños trozos… Ir de prisa es explorar la frase entera… La atención se adormila con el pesado trabajo de deletrear… De lo que se trata es de leer y también de aprender a pensar, sin separar nunca lo uno de lo otro. Ahora bien, una sílaba no tiene ningún sentido, y una apalabra, casi ninguno. Es la frase lo que explica la palabra… Si la regla de nuestros pensamientos fuera ir de lo particular a lo general, nunca pensaríamos nada, pues el detalle se divide indefinidamente. La idea de conjunto es el pensamiento”. (2)

Según el pedagogo español José Bernardo Carrasco, “la velocidad lectora puede mejorar… y para lograrlo es preciso:

  • Esforzarse por leer con la mayor rapidez posible;

  • Ajustar la velocidad a la dificultad del texto;

  • Leer de forma activa y sin pronunciar, buscando las ideas y evitando la vocalización y la subvocalización;

  • Reducir en número de fijaciones;

  • Suprimir las regresiones o volver a lo leído”. (3)

Referencias

  • Castillo, Gerardo (1987). Aprende a estudiar. 3ª.ed. Madrid: Ediciones Palabra,  51p.

  • Alain (1972). Propos sur L éducation. París: Presses universitaires de   France.

  • Bernardo, José  (1995). Cómo aprender mejor. Estrategias de aprendizaje. Madrid: Rialp,  152p.

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